lunes, 16 de septiembre de 2013

Acerca del Compromiso del Innovador Público

Como puedes ver en este enlace, del I Encuentro nacional de la Blogosfera Pública surgió la iniciativa de formalizar un documento donde quedasen reflejados los compromisos que los participantes asumíamos como innovadores (más bien, al menos en mi caso, aprendices de innovador) en nuestras respectivas organizaciones administrativas. De ahí surgió este documento que, aun siendo sin duda un comienzo, sienta unas bases mínimas para lo que, en última instancia, no es más que una actitud personal que en los tiempos que corren parece más bien una exigencia ineludible que es preciso proyectar en nuestro ámbito de actuación profesional.

La reflexión que me suscita esta iniciativa he tratado de reconducirla a la perspectiva jurídica de la problemática que subyace tras esta preocupación por la innovación en el ámbito de las Administraciones Públicas. Así, en primer lugar habría que constatar que, con carácter general, el tratamiento que las entidades públicas tienen respecto de su personal es bastante uniforme, de manera que aun cuando existen incentivos diversos en forma de complementos retributivos lo cierto es que luego se reparten de manera uniforme. No obstante, lo cierto es que, más allá de su escasa aplicación, se trata de mecanismos manifiestamente insuficientes para incentivar el emprendimiento y el dinamismo en la actividad profesional que desarrollamos el personal al servicio de las entidades públicas.

Por el otro extremo, tampoco se penaliza a quien actúa con una máxima despreocupación en el cumplimiento de sus obligaciones profesionales, tal y como demuestra el reducido número de sanciones disciplinarias impuestas en muchos casos a pesar del amplio incumplimiento (al menos en muchos casos, que tampoco se puede generalizar salvo siendo injusto) de las normas sobre horarios de trabajo. Y menos aún se exige la acción de repetición frente a los daños causados mediando dolo o negligencia grave por parte del personal de la  Administración, tal y como ha analizado Gabriel Domenech en algunos de sus sugerentes trabajos en la materia.

En última instancia, nos encontramos ante un problema de modelo organizativo basado en un contexto ciertamente muy diverso del actual y que requiere un replanteamiento sustancial a partir de esta constatación: ¿pueden las Administraciones Públicas seguir funcionando como hasta ahora? Sin duda es un interrogante demasiado abierto y las respuestas pueden ser tan diversas como contrapuestas, pero lo que resulta incuestionable es la necesidad de formularse al menos esta cuestión. Y, en primer lugar, a título individual cada uno de quienes formamos parte del personal al servicio de las Administraciones Públicas; actitud que nos llevaría, en segundo lugar, a plantearnos qué podemos hacer cada uno en su ámbito de actuación más concreto. ¡Enorme desafío!

1 comentario:

  1. Hola Julián, creo que a las anteriores opiniones sobre el compromiso del innovador público has añadido un gran valor añadido explicitando esa cruda realidad del "café para todos".

    Comparto todo lo que dices.

    Un saludo.

    ResponderEliminar